martes, 15 de mayo de 2007

¿Por qué una bitácora de viaje?

El arte desordena nuestro mundo habitual y nos lo modifica, lo amplia o renueva. Y durante cinco meses mi entorno se ha visto inmerso en el desorden, en la libertad del espectador y, tal vez, del creador también.

Y lo que he tratado de crear en esta bitácora de vuelo es un recuento de las nuevas experiencias que he vivido en este recorrido iniciático, vital. En esta estancia me he visto sorprendida por la revoluciòn semántica de la poesía concreta, por las propuestas de los creadores posmodernos que exhudan el caos del que han surgido, por los caminos de la interpretación recorridos por Ricoeur, por la exploración intimista que produjo Berman al revelarme un mundo -mi mundo- donde "todo lo sólido se desvanece en el aire".

Las imágenes, la creación de mis propios poemas inscritos en la galaxia concreta, y el reconocimiento de que mi identidad -si ésta es posible- se construye gracias a las palabras; son las motivaciones de esta bitácora.

Para mí las imágenes visuales no son suficientes, porque es a través de la palabra que ilumina que la realidad se revela ante mis ojos. Al final sólo quedan los fragmentos y la memoria se agita al tratar de aprehenderlos y esparcirlos como grito silencioso, en la inmensidad del ciberespacio.

lunes, 14 de mayo de 2007

¿Magia, religión, poesía?



"La operación poética ¿es una actividad mágica o religiosa?... La poesía es irreductible a cualquier otra experiencia… el poeta lírico establece un diálogo con el mundo; en este diálogo hay dos situaciones extremas, dentro de las cuales se mueve el alma del poeta: una, de soledad; otra, de comunión. El poeta parte de la soledad, movido por el deseo, hacia la comunión. Siempre intenta comulgar, unirse, reunirse, mejor dicho, con su objeto: su propia alma, la amada, Dios, la naturaleza".
Octavio Paz


Soñé con el regreso a Ítaca, con la textura de unas manos que vuelan por la espalda.
Con aquella mañana ancestral en la que cielo se abrió azul cobalto ante los ojos. Y ese abismo, la caída de los sentidos que nace junto a la dulce agonía de la piel transitada.
No olvido ese murmullo de la respiración que va y viene, ola luminosa que trajo consigo la conciencia de ser territorio abierto, ávido de memoria cálida que signe cada trémulo relieve.
Fue entonces que sentí tu embestida ahíta de ternuras y ráíces que recibí dichosa. Y yo, animal de crepúsculos y lunas, fui abatido por el ansia de sentir tu pulso lento acunado en mi vientre.
Aún despierta veo el umbral del arrebato, y la necesidad de olor, de tacto, de libertad febril, recurre al punzón de la nostalgia. Hambre de volver a tu mundo, a tus ritos, a tu sed acuciante de maravillas.
Y aquí las jacarandas continúan floreciendo, celebrando las notas que arden oscilantes en el fuego de los sentidos que enlazamos en las sombras.


El viaje ha terminado.

La pasión expuesta




Los días corren rápidos. Con la humedad se mezcla el aroma de las despedidas venideras, se intercambian teléfonos e impresiones, se observa con detenimiento a quienes no se habrá de ver jamás.


El agua cae y el asfalto se borra de impresiones, de promesas incumplidas, de palabras ahogadas. La patina de la nostalgia reluce ya en las calles empedradas y en las serpientes múltiples que se desplazan por la metrópoli insomne.


Nadie habla del futuro, se aprehenden con fiereza las impresiones, las sorpresas, las sensaciones. Ahítos de tiempo, los viajeros se resignan con fotografías y abrazos, con palabras tachadas en las últimas páginas de los cuadernillos negros.

Y me ilumino en la palabra


De pronto el destello, y ver iluminada en la palabra la oscuridad caótica de la que procedía.


Las palabras fuegos fatuos "brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto...

Las distancias, el tiempo, la marea, los oleajes. Nada de que arrepentirme... los caminos me siguen conduciendo al mismo sitio: "una puerta, una grieta abierta en el asombro".

El corazón tiembla en la azotea


La nostalgia de la pérdida no cede ante el sol festivo de mayo, se resiste a las flores, a los cantos, a tanto gozo estridente de los adolescentes que llenan los parques con risitas y murmullos.

Un hombre lleva encima un velo de ternezas, los cadáveres de flores exhalan el dulzón aroma de la melancolía. Las señales no pueden estar equivocadas... la primavera ha llegado.

A veinte metros de altura la vida se anuncia dispuesta, amenazante... tras recorrer las calles, las gavetas se llenan de objetos extraviados: la seducción, la mirada sigilosa, el roce del deseo cansino, acuciante.

Capullos carnívoros, ávidos, hermosos

Al despertar todo continuó en su sitio. La maldad, la bondad, el miedo, el hambre, nada se agotó en el anaquel reluciente que era cuidado con esmero.


Al despertar, mi condición de viajero extraviado fue más evidente, cierto. Todo viaje iniciático florece en capullos carnívoros, ávidos y hermosos.

Pero el regreso es forzoso. Entonces viene esa permanente sensación de que al final de todas las cosas nada es suficiente. Sólo somos seres humanos y nuestros deseos deben pasar forzosamente por las limitaciones, terribles y necesarias, de la carne reductible...


El mundo se mueve a ritmo del corazón solitario


Sábado en la tarde con un sol inclemente, que bañaba a los ríos de coches que fluían alejándose de la ciudad. Después llegaría Xochimilco, la Reina de Corazones y su vaivén de caimán aletargado, la fiesta y la gente. Todos ávidos de tiernas compañías, todos midiéndose las miradas, cavilando y sopesando cautos la estrategia necesaria para abandonarse en otro, para dejar vacío el vaso oscuro y melancólico.



La noche, las velas, el agua oscura, el ansia contenida. El sol claudicó a hora temprana, no así los noctábulos urbanos y los grifos proféticos devorados por la urbe cuajada de lucecitas.

El corazón henchido


Como sostuvo Foucault, las utopías consuelan. Si no tienen un lugar real se desarrollan en un espacio maravilloso y liso; despliegan ciudades de amplias avenidas, jardines bien dispuestos, comarcas fáciles, aun si su acceso es quimérico. Miro mi corazón henchido, desgastado... Siempre, siempre, hay espacio para las bellas aventuras.


trashumante

desierto políptico

cae

cae

de nueva cuenta

la masmedula tierna se mece

en huesitos ávidos de magnesia

de viola

remedio mío

Era mi corazón un ala viva y turbia un ala pavorosa llena de luz y anhelo

Las alas crecieron un día. Aprendí a planear bajo, temerosa del resplandor hipnótico del sol desértico. Un día aposté al vuelo temerario, compañera de Ícaro y Featón me regocijé en el gozo del estruendo, del vértigo, de la entrega enloquecida.

La caída no fue inesperada, pero el conocimiento no atenuó el dolor de las tenazas que exploraron mis entrañas rugientes y furiosas.

Aún hoy el vuelo se resiste a la pérdida de inocencia. De vez en vez mis alas se extienden, magnolias sedientas de viento y luz. El sol es ahora distante, pero presiento el aullido de las hojas en las alturas que me invita de nuevo a la aventura. La caída parece un precio razonable.