"La operación poética ¿es una actividad mágica o religiosa?... La poesía es irreductible a cualquier otra experiencia… el poeta lírico establece un diálogo con el mundo; en este diálogo hay dos situaciones extremas, dentro de las cuales se mueve el alma del poeta: una, de soledad; otra, de comunión. El poeta parte de la soledad, movido por el deseo, hacia la comunión. Siempre intenta comulgar, unirse, reunirse, mejor dicho, con su objeto: su propia alma, la amada, Dios, la naturaleza".
Octavio PazSoñé con el regreso a Ítaca, con la textura de unas manos que vuelan por la espalda.
Con aquella mañana ancestral en la que cielo se abrió azul cobalto ante los ojos. Y ese abismo, la caída de los sentidos que nace junto a la dulce agonía de la piel transitada.
No olvido ese murmullo de la respiración que va y viene, ola luminosa que trajo consigo la conciencia de ser territorio abierto, ávido de memoria cálida que signe cada trémulo relieve.
Fue entonces que sentí tu embestida ahíta de ternuras y ráíces que recibí dichosa. Y yo, animal de crepúsculos y lunas, fui abatido por el ansia de sentir tu pulso lento acunado en mi vientre.
Aún despierta veo el umbral del arrebato, y la necesidad de olor, de tacto, de libertad febril, recurre al punzón de la nostalgia. Hambre de volver a tu mundo, a tus ritos, a tu sed acuciante de maravillas.
Y aquí las jacarandas continúan floreciendo, celebrando las notas que arden oscilantes en el fuego de los sentidos que enlazamos en las sombras.
Con aquella mañana ancestral en la que cielo se abrió azul cobalto ante los ojos. Y ese abismo, la caída de los sentidos que nace junto a la dulce agonía de la piel transitada.
No olvido ese murmullo de la respiración que va y viene, ola luminosa que trajo consigo la conciencia de ser territorio abierto, ávido de memoria cálida que signe cada trémulo relieve.
Fue entonces que sentí tu embestida ahíta de ternuras y ráíces que recibí dichosa. Y yo, animal de crepúsculos y lunas, fui abatido por el ansia de sentir tu pulso lento acunado en mi vientre.
Aún despierta veo el umbral del arrebato, y la necesidad de olor, de tacto, de libertad febril, recurre al punzón de la nostalgia. Hambre de volver a tu mundo, a tus ritos, a tu sed acuciante de maravillas.
Y aquí las jacarandas continúan floreciendo, celebrando las notas que arden oscilantes en el fuego de los sentidos que enlazamos en las sombras.
El viaje ha terminado.
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