Al despertar todo continuó en su sitio. La maldad, la bondad, el miedo, el hambre, nada se agotó en el anaquel reluciente que era cuidado con esmero.
lunes, 14 de mayo de 2007
Capullos carnívoros, ávidos, hermosos
Al despertar, mi condición de viajero extraviado fue más evidente, cierto. Todo viaje iniciático florece en capullos carnívoros, ávidos y hermosos.
Pero el regreso es forzoso. Entonces viene esa permanente sensación de que al final de todas las cosas nada es suficiente. Sólo somos seres humanos y nuestros deseos deben pasar forzosamente por las limitaciones, terribles y necesarias, de la carne reductible...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario